miércoles, 3 de abril de 2013

El bandolero Pablo Santos

Mítico bandolero que rondó, junto con su pequeña hueste, las serranías próximas a Madrid durante el primer tercio del s.XIX.
Pablo Santos





Conocido sobre todo por sus andanzas por canchales y barrancos de La Pedriza donde guardaba cobijo en la famosa cueva natural del Cancho Centeno y donde escondía sus botines (Alcornoque el Bandolero). Su trágico final fue consecuencia de una disputa con Isidoro el de Torrelodondes, un miembro de su grupo que le disparó un trabucazo al poner en duda el equitativo reparto que había hecho su jefe. Este hecho luctuoso se produjo en la Cerca de los Huertos, próximo al Cancho del Horno de la Pedriza del Manzanares.
La Pedriza Bandolera

martes, 26 de marzo de 2013

El yacimiento arqueológico del Valle del Neandertal (Pinilla del Valle)

El rio Lozoya baja caudaloso de los glaciares de la cercana cordillera. Tortugas pleistocénicas toman el sol en una roca a las orillas. Ranas y sapos saltan en las numerosas charcas que salpican la cuenca. Una niña ataviada con pesadas pieles de ciervo rastrea una musaraña tras unas rocas, que sirven de esplendidos solariums a los lagartos que pueblan los roquedales. Mientras, el clan al que pertenece se prepara para otra dura jornada caza. Las mujeres mantienen el fuego, acarreando ramas y pesados troncos caídos en el bosque cercano.
Esta escena tuvo lugar en el Valle alto del Lozoya hace más de 60.000 años, cuando la morfología y la hidrografía del lugar eran bastante diferentes a las actuales, y donde el ser humano competía ferozmente contra las adversidades climáticas y el agreste medio natural donde vivía.

Cueva del Camino - Pinilla del Valle

Gracias al yacimiento de Pinilla del Valle, los arqueólogos nos han dado las herramientas con que recrear este pasado tan lejano. A un kilometro escaso del centro urbano de Pinilla, están aflorando restos óseos de varias especies animales, muchas extintas en la actualidad, e incluso de restos de homínidos neandertales, antecesores del hombre actual y que poblaron Europa y varias partes de Asia durante miles de años.
Gracias a estos importantes hallazgos, se están aportando cientos de pistas para conocer cómo y donde vivían nuestros antecesores. Por ejemplo, se ha descubierto que estos neandertales utilizaban lascas de piedras para descuartizar y despellejar colosales rinocerontes, fornidos toros salvajes y greñudos caballos arcaicos. No sólo se alimentaban de grandes mamíferos, también de topos, conejos, ardillas, lirones y diferentes tipos de peces.
Hecho destacable es el uso del fuego para la elaborar útiles de caza, y esto se puede observar en los restos óseos encontrados, que presentan quemaduras y golpes, lo que nos habla de la capacidad de estos homínidos de dominar el arte ígneo.

Las excavaciones continúan y sacarán a la luz más información que nos permitirá poner las bases de la evolución del hombre en la Comunidad de Madrid. Posiblemente nos hallemos ante uno de los más importantes de la Península. Aquí se encontraron en 2011 varios dientes de una niña de corta edad (a la que los arqueólogos han bautizado como Lozoya), datados hace 40.000 años y que quizás signifique el primer indicio de enterramiento en España.
Debemos recordar que este importante yacimiento (descubierto en el año 1979) no puede ser visitado, ya que la fragilidad del entorno y el temor a los expolios por parte de coleccionistas desaprensivos puede echar al traste décadas de trabajo arqueológico. Este año, si las condiciones económicas lo permiten, dará comienzo la XI campaña de excavación, al frente de la cual están los reconocidos paleoantropologos Enrique Baquedano (arqueólogo y director del museo antropológico regional), Alfredo Peréz González (geólogo y vicedirector del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana), José María Bermúdez de Castro (Doctor en ciencias biológicas, director del CENIEH y co-director de Atapuerca) y Juan Luis Arsuaga (director del Centro de Investigación UCM-ISCIII sobre Evolución y Comportamiento Humanos y codirector de Atapuerca).
El Calvero de la Higuera, la Cueva de la Buena Pinta, la Cueva del Camino y el Abrigo de Navalmaíllo podrán ser visitables si prospera un plan director que pretender dar a conocer este trascendental yacimiento y hacer partícipes a los ciudadanos de los notables descubrimientos hallados.
De todos modos, para saciar nuestra curiosidad y nuestro interés por la arqueológica, el ayuntamiento de Pinilla lleva a cabo a mediados de septiembre (generalmente coincidiendo con la Feria de los Oficios) el Día de Puertas Abiertas del Yacimiento, momento adecuado para ilustrarse y recrearse, de la mano de especialistas, con las atávicas y evocadoras imágenes de este singular yacimiento.

lunes, 18 de febrero de 2013

Joaquín María de Castellarnau i Llopart

(Tarragona 1848 – Segovia 1943) Ingeniero, entusiasta científico y eminente microscopista. En el año 1872 entra a formar parte de la dirección en la gestión del pinar de Valsaín.
Joaquín María de Castellarnau y Llopart

Uno de los más eminentes precursores del conservacionismo en España, 
Castellarnau es, quizá, el primer científico español que utiliza el término ecología aplicado a la relación de los hombres con el medio natural (aves y plantas).Sus enfrentamientos con el Ingeniero jefe y el Intendente dieron lugar a que en 1883 abandonase el Servicio del pinar. En su obra El pinar de Valsaín. Algunas consideraciones sobre su tratamiento y administración (Tarragona 1884), Castellarnau critica con dureza la gestión de sus superiores y el afán de estos últimos en crear una Serrería Real de La Pradera. Esto suponía, de hecho, dilapidar la labor conservacionista y de investigación que había llevado a cabo durante su pertenencia al Servicio del Pinar. Fruto de esa labor son las obras Estudio Ornitológico del Real Sitio de San Ildefonso (1877), Estudio micrográfico del tallo del Pinsapo (1880), Estudio micrográfico del sistema leñoso de las Coníferas Españolas (1883) y Guía y descripción del Real Sitio de San Ildefonso (1884).
Pinares de Valsaín

lunes, 21 de enero de 2013

La Casa Eraso

Apenas distinguible entre e­l frondoso pinar que lo rodea, surgen en pleno descenso del puerto de la Fuenfría hacia Segovia las ruinas de la que fue la Casa Eraso, también llamada Pabellón de Casarás. Acercándonos como quien descubre un esqueleto de dinosaurio en plena excavación arqueológica, hallamos los restos de un edificio que en su día albergó a reyes, cancilleres, duques y marqueses, y que hoy en día nos brinda una privilegiada situación desde la que divisamos todo el valle de Valsaín.

La Casa Eraso

A los pies del Montón de Trigo y a menos de un kilometro de la conocida como Fuente de la Reina, fue el lugar elegido por Felipe II para disfrutar de sus correrías cinegéticas. Las vistas desde aquí son impresionantes: Peña Citores, Dos Hermanas y Peñalara, Alto de las Guarramillas, Valdemartin,Las Cabezas y la umbría de Siete Picos.
A la sombra del Montón de Trigo, inmejorable puesto de vigilancia y de descanso para las cada vez más prolongadas excursiones cinegéticas reales cuya base la situamos en los modestos pabellones de caza creados por Enrique III a la vera del rio Valsaín y a la postre semilla de La Granja de San Ildefonso
La Casa Eraso fue obra de Hernán García sobre el proyecto de Gaspar de Vega. Estaba realizada en piedra, madera y ladrillo, como podemos observar en el único boceto que se conserva de la misma y que ilustra el panel informativo de las inmediaciones, que además marca el camino hacia Santiago de Compostela en su variante desde Madrid. El pabellón fue concluido en 1571 y quedó bajo la superintendencia de el secretario real Francisco de Eraso (hombre de confianza de Carlos V , posteriormente de su hijo Felipe II, y que ostentó los relevantes cargos de Secretario de Indias y de la Inquisición). De ahí que adquiriese definitivamente el nombre de Casa Eraso.
La ubicación de este palacete, a escasos metros de la calzada romana (vía XXIV) que unía Segovia y Miaccum, cerca del paso del Puerto de la Fuenfria (o Puerto del Guadarrama) ha sido la tradicional puerta entre las mesetas desde épocas augustas hasta los albores del s.XIX. Se dice en las crónicas de la época que en este lugar estaba ubicada una gran cruz (actualmente desaparecida) que indicaría la frontera entre las dos Castillas.
La familia real solía utilizar este palacio como lugar de descanso en su travesía hacía La Granja desde la Corte de Madrid y con posterioridad se usó como pozo de nieve para surtir el palacio de la Granja. Resulta fácil imaginarse las duras condiciones con que se encontraban las comitivas: fuertes ventiscas, copiosas nevadas y vientos huracanados, así como un maltrecho camino de origen romano.
Sólo la construcción durante el reinado de Carlos III, a finales del s.XVIII, de la carretera que asciende desde Villalba hasta Navacerrada postergó este camino y en consecuencia su señorial edificio hasta su completo abandono. Poco a poco los restos fueron desapareciendo deteriorados por las inclemencias meteorológicas, que azotan de lo lindo, y por los expolios realizados por los transeúntes que seguían usando este paso para evitar el pago de portazgo en el recientemente inaugurado paso del puerto de Navacerrada.
Pocos restos aguantan el paso de los años, y apenas nos hacen intuir el gran pasado que atesoran sus cimientos. La Casa Eraso, testigo de las correrías de los Trastámara, de los Habsburgo y de los Borbones , ahora contempla el paso de senderistas, caminantes y ciclistas que aún dirigen sus inquietas miradas a este lugar, todavía idílico, sin sospechar de su regio pasado. Respirar el aire puro a la sombra de este testigo excepcional nos equipara a sus ilustres moradores.
Deleitados por el placer que antaño sintieran reyes y princesas, nos despedimos de la casa Eraso o Palacio Real de la Fuenfria con la seguridad de que por mil años que pasen, este lugar seguirá siendo magníficamente real.
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P1000663

viernes, 18 de enero de 2013

Bibliografía básica recomendada

Son apenas unos pocos de los muchos que han caído en nuestras manos y de los muchísimos que nos quedan por hojear. La lista es larga y la iremos completando y comentando sin prisa pero sin pausa. Llena tus horas de transporte público de geografía, historia, fauna, anécdotas y las mil cosas que la sierra nos ofrece.


  • Castillos, Fortificaciones y recintos amurallados de las Comunidad de Madrid
Varios Autores
Ed. Comunidad de Madrid
1993

  • Minerales y Minas de Madrid
Jose González del Tánago
Ed. Comunidad de Madrid y editorial Mundiprensa
2002

  • Geologia y paisaje de la Cuenca Central Iberica
José R. Badia Fiscer y Alejandro Lanz Esteve
Ed. Vulcano
1989

  • Sierra de Guadarrama Flora y Fauna
Juan Antonio Rodriguez Llano
Ed. Rueda
2006

  • Los pasos históricos de la Sierra del Guadarrama
Manuel Rincón
Ed. Accion Divulgativa S.L.
1992

  • Centinelas de piedra: Fortificaciones en la Comunidad de Madrid
Varios Autores
Ed. Comunidad de Madrid
2006

  • Madrid: de la Prehistoria a la Comunidad de Autónoma de Madrid
Varios Autores
Ed. Comunidad de Madrid
2008

  • Rutas con Leyenda
Juan Ignacio Rouyet Ruiz
Ed. La Librería
2003

  • La sierra norte de Madrid
Vicente M. Ortuño
Ed. El Senderista
2001

  • El Batallón alpino del Guadarrama
Jacinto M. Arévalo Molina
Ed. La Librería
2006

  • Crónica de los pueblos de Madrid
Isabel Montejano
Ed. Diputación de Madrid
1983

  • Atlas Geografico e Historico de la Comunidad de Madrid
Angel del Rio
Ed. Ediciones educativas
1995

  • Aproximación a la geografía de la Comunidad de Madrid
Miguel Angel Torremocha
Ed. Comunidad de Madrid
1992

  • Guia de Castillos de Madrid
Jorge Jimenez Esteban y Antonio Rollón Blas
Ed. Tierra de Fuego
1987

  • Cuadernos de Estudio nº 15 “El Real de Manzanares”
Gregorio Aragón Nogales
Ed. Asociacion Cultural Pico de San Pedro
2001

  • La formación de los reinos hispánicos
Jose Luis Villacañas Berlanga
Ed. Espasa Calpe
2006
  • 100 Excursiones por la Sierra de Madrid
  • Domingo Pliego
    Ed. La Librería
    1992
  • La Pedriza y Guadarrama
  • Carlos Frías Valdés
    Ed. Gramosa
    2007
  • 26 propuestas para el fin de semana
  • Juan José García García
    Ed. Comunidad de Madrid
    2005

    miércoles, 26 de diciembre de 2012

    La Ciudad Jardín Madrid-Guadarrama

    Oír hablar de estaciones de AVE fantasmagóricas, aeropuertos vacuos y malogradas urbanizaciones a pie de campo, nos retraen a una época muy reciente donde los proyectos de megalomanía estaban unidos a la eclosión del ladrillo, del dinero fácil y de la especulación con mayúsculas. Bajo pretexto de mejorar las comunicaciones se han ejecutado muchas obras sin sentido, con el objetivo de lucrar económicamente a los actores principales en detrimento de las arcas estatales, autonómicas o municipales.
    Cuerda Larga
    Este tipo de obras públicas no es exclusivo del s.XXI; allá por el s.XVI ya hubo un tal Juan Bautista Antonelli que de la mano de Felipe II elaboró un proyecto que pretendía hacer navegable el Tajo y conectar Lisboa con Madrid. La ciclópea obra de ingeniería hidráulica contó con pocos apoyos dentro de la Corte y sobre todo con poco apoyo económico, por lo que quedó en papel mojado. De aquello, únicamente sobrevivió el viaje que el propio Antonelli realizó en barca desde Lisboa a Madrid en 1582 para demostrarle a Felipe II que el proyecto era viable. El objetivo era facilitar las comunicaciones entre capitales a través de la accidentada orografía peninsular.
    Durante el s.XVIII también se llevaron a cabo inconclusos proyectos que pretendían cohesionar la recién instaurada monarquía borbónica a base de extensas vías de comunicación que cubrirían todo el territorio peninsular. La red viaria en ciernes partiría desde Madrid y con forma radiocéntrica extendería sus ramificaciones a todas las capitales de provincia. Aun hoy se sigue insistiendo en este modelo implantado por los ingenieros franceses que trajo Felipe V.
    Con la aparición del ferrocarril y de los nuevos medios de transporte se abrió un amplio abanico para desarrollarlos. Surgieron multitud de proyectos que pretendían llevar el tren a todos los rincones del reino, con varios propósitos como el caso que nos ocupa.
    Corría el año 1929, la Dictadura de Primo de Rivera estaba dando los últimos estertores y aún se vivía de la boyante década de los 20 cuando el ex diputado a Cortes D. Miguel Alcalá presentó un anteproyecto que pretendía unir mediante ferrocarril la capital con las altas cumbres de la Cuerda Larga.
    La prensa de la época se volcó en dar cobertura a las pretensiones del ex diputado. Bajo pretexto de acercar las redescubiertas montañas guadarrameñas a las clases medias y bajas, el proyecto contemplaba la creación de una línea férrea que desde el madrileño barrio de Tetuán (con conexión con el Metropolitano) conectase con Chozas de la Sierra (Soto del Real), y desde allí mediante un tren cremallera hasta la loma de los Bailanderos (o Navacumbre) a 2.200 m de altitud. Con todo ello se facilitaba que las clases menos pudientes pudiesen visitar la sierra en un día y volver a Madrid al atardecer, habiendo disfrutado antes de unas excelentes vistas: La Pedriza, Las Cabezas, La Maliciosa, Peñalara, La Najarra, el valle de Lozoya, Los Siete Picos, la llanura segoviana y la falda madrileña con el Embalse de Santillana de emblemático fondo. Anteriormente solo un puñado de aguerridos deportistas siguiendo las corrientes más modernas e innovadoras de Europa se atrevían a ascender a aquellas cumbres, so pena de los pastores que en verano ascendían con su ganado para gozar no tanto de las vistas cuanto de los verdes pastos.
    Línea Madrid-Sierra
    El proyecto consideraba necesaria la creación de un núcleo urbano donde se efectuase el cambio de vía. Esta conurbación había sido bautizada de antemano como Madrid Sierra y se ubicaría en el llamado Hueco de San Blas (1.100 m). Obviamente para dar comodidades a los visitantes serranos, se construirían también albergues en la cima de Navacumbre con el propósito de facilitar la estancia de los visitantes que optaran por pasar noche en lo más alto de la cresta guadarrameña.
    Poco a poco surgieron artículos en prensa que iban desgranando el futuro más cercano de Madrid-Sierra: la creación de una ciudad jardín siguiendo el modelo de los urbanistas más reputados de Europa. Madrid-Sierra se convertiría en el Chamonix de los madrileños.
    La inestabilidad política, la crisis financiera y la falta de inversión privada convirtieron el proyecto en papel mojado.
    Cabe destacar como los aviesos inversores urbanísticos no perdían la oportunidad de hacer negocio. Detrás del hecho de acercar la Sierra a la capital, se escondían sus verdaderas pretensiones: una suculenta operación donde la compañía constructora se garantizaba el monopolio de las comunicaciones y de los servicios así como de la venta de terrenos:
    “El éxito financiero de toda ciudad-jardín depende en gran parte del mercado que se crea para las tierras de la ciudad”
    ¿A quién no le suena este modelo de negocio tan en boga hace unos años?
    La especulación tardó unos cuantos años más en hacer mella en el frágil entorno guadarrameño. Las postreras vías de comunicación, las pistas de esquí y el crecimiento urbano desaforado de los distintos pueblos y aldeas, terminó de dar la puntilla a este entorno privilegiado. ¿Qué hubiese sido de todo ello si hace cien años se hubiera declarado el Parque Nacional del Guadarrama como estuvo proyectado en su origen? Nunca lo sabremos, lo que si descubrimos a lo largo de esta centuria es el interés que siempre hubo en que el Parque nunca saliera adelante para poder urbanizar desde las faldas hasta las cumbres en proyectos megalómanos como el de Madrid-Sierra.
    La conquista de la Sierra como colonización de tierras ignotas queda reflejado en el texto que en su día escribió D. Hilarión González del Castillo(*):
    “Los primeros pobladores de la ciudad jardín Madrid-Guadarrama deberán ser los obreros y empleados de la Compañía constructora que hagan esos trabajos de explanación, apertura de calles, etc., a los cuales se les albergará, provisionalmente, pero en forma cómoda, sana, agradable, en barracas fácilmente desmontables o en casas baratas, dándoles siempre un campo de tierra que cultivar. Tras los agricultores-colonos vendrán los industriales, que traerán capitales abundantes, personal numeroso, iniciativas, espíritu de laboriosidad intensa y de solidaridad, todo lo cual producirá nueva riqueza. Y, por último, vendrán los comerciantes, los residentes, los que pueblen la zona de hoteles de verano y casitas de campo “
    (*) Revista Construcción Moderna Año XXVII nº9 fecha 15-05-1929

    martes, 13 de noviembre de 2012

    Muño el Manco

    El origen del pueblo de Valdemanco hay que rebuscarlo en el libro de la Montería de Alfonso XI. Allí se nos habla de “el Valle del Albate y de la Casa de Muño Manco”. Sin embargo, una leyenda muy entendida en la zona nos cuenta dicho origen de una forma muy diferente.
    Valle de Muño el Manco





    Esta leyenda sitúa la primera piedra de Valdemanco en una venta erigida por Juan Valdés, vecino de Bustarviejo y a la sazón manco. Al no poder trabajar en el campo por su discapacidad, optó por el negocio hostelero y situó la Venta a escasos kilómetros de su antigua morada. Sus hijas emparentaron con bustareños y eligieron vivir cerca de su padre. Así, casa a casa, la primitiva venta se convirtió en poblado y no sería hasta 1926 cuando adquirió la condición de Villa.
    Escudo de Valdemanco